domingo, 9 de noviembre de 2008

Celulares: las nuevas prótesis tecnológicas- Revista Ñ - 2/10/2004

La revolución tecnológica de los teléfonos móviles incide en las costumbres familiares, laborales y culturales. Se supone que su uso nos da libertad pero también nos vuelve más dependientes. Su utilización en escuelas y empresas ya genera paranoia en EE.UU.
HECTOR PAVONEs probable que el telefóno celular, por moda o efectividad, sea el medio de comunicación de mayor éxito de nuestros días. O como hubiera dicho Marshall McLuhan, la nueva prótesis tecnológica del hombre de hoy dadas las múltiples funciones que estos aparatos diminutos pueden realizar. "McLuhan habría disfrutado de esta paradoja de la telefonía celular que provee por un lado una libertad fantástica y por otro el estar completamente prisionero de un sistema donde estamos en contacto todo el tiempo. Me pregunto si en el futuro no existirá un lugar sin teléfonos, un lugar donde la gente no pueda ser ubicada", dijo a la revista The Feature, Derrick de Kerckhove, director del centro McLuhan de la Universidad de Toronto. Existen 1.500 millones de celulares en el mundo y los fabricantes calculan que habrá dos mil millones en el año 2008 y cuatro mil en 2015. En 2003 se fabricaron 84 millones de aparatos con cámaras de fotos digitales y otros accesorios de los más variados que los transformaron en "teléfonos inteligentes". China se encuentra al frente del fenómeno.Además de usarlos para hablar, el uso más frecuente de los nuevos teléfonos es el de la foto espontánea que se puede publicar en Internet. En Seúl y en Tokyo, ya usan los celulares para ver películas, activar electrodomésticos, apagar las luces de las casas, hacer transferencias de dinero, revisar saldos y pagos, reproducir archivos MP3 de video y música. Pero no todos son ejercicios de plena libertad. Los japoneses también pueden localizar a sus hijos, a quienes previamente le han regalado un teléfono celular, comunicándose con un servicio de informaciones. Marcan el número de celular y un código personal. En pocos segundos el servicio envía por fax un mapa de la ciudad donde señala el lugar exacto donde se encuentra el dueño del teléfono. En las escuelas de Chicago, por ejemplo, se ha prohibido el uso de celulares con cámaras de fotos por temor a que se publiquen en Internet fotografías tomadas furtivamente en los baños y por las trampas que se realizan en los exámenes. "Forma parte del siguiente paso de la sociedad. Existe una posibilidad de que alguien esté grabando casi todo lo que uno hace", señala Jim Barry, portavoz de la Asociación de Productos Electrónicos para el Consumidor de EE.UU. La paranoia se extiende y es común encontrar letreros en gimnasios que prohíben su uso. Lo mismo ocurre en fiestas con celebridades para evitar que se difundan imágenes de famosos en estado lamentable o en situaciones comprometedoras. "Estamos convencidos de que el próximo caso Rodney King (el de un ciudadano negro apaleado por la policía de Los Angeles y filmado por un vecino) va a ser registrado por un teléfono con cámara", dice Grey Clayman, confundador de UPOC, la primera comunidad norteamericana de usuarios de celulares. El uso del celular con fotos y videos que da cuenta de un hecho de interés público ha sido denominado "periodismo convergente". Periodistas, y no periodistas también, de todo el mundo pueden convertirse en fotorreporteros al registrar un hecho con su teléfono.Llevar un celular en el bolsillo es llevar una minicomputadora. Pero su uso todavía dista de ser totalmente "amigable". Ese ha sido el objetivo de Michael Dertouzos, ex director del MIT, fallecido en 2001, quien en su libro La revolución incompleta dice que todavía la tecnología tiene que resolver cómo hacer más humana la informática. Allí afirma que para completar la revolución tecnológica es necesario llegar a muchas personas más. Hoy hay 800 millones de personas conectadas a Internet. Pero esa cifra sólo representa al 12,5 por ciento de la población mundial, lo cual implica una profundización de la brecha entre ricos y pobres. "En la economía estadounidense, se gasta cada año por ciudadano un promedio de tres mil dólares en hardware, software y servicios afines. En Bangladesh un dólar. No podemos dejar que esa brecha se ensanche. Es hora de que empecemos a estrecharla. No sólo por compasión, sino para evitar el derramamiento de sangre que, históricamente, se produce cada vez que la brecha entre ricos y pobres se agranda", advertía Dertouzos.El teléfono celular brinda una sensación de libertad, de ir a cualquier parte y estar comunicado. Pero es una sensación paradójica. Un celular puede ser rastreable y eso convierte al feliz usuario en una persona ubicable, en un blanco. En EE.UU. las empresas usan un sistema llamado Worktrack (rastreo laboral) para saber dónde y qué están haciendo sus empleados a través de una señal llamada GPS ubicada en el interior de cada teléfono. "Si no están en el área correcta, no están trabajando" es la idea que resume este sistema de persecución laboral. El gobierno de EE.UU. pretende que para 2005 todos los teléfonos celulares posean GPS para poder ubicar a su dueño. En la era de la paranoia en nombre de la seguridad, ser ubicable puede dejar de ser interesante. Hay tres claros, y un tanto extremos, ejemplos. En enero de 1996, el guerrillero palestino Yeyah Ayash, conocido como "El ingeniero" quiso hacer un llamado desde Gaza y tomó un celular que explotó junto a su cabeza. Tenía una bomba colocada por los servicios israelíes. El celular del líder checheno, Dzhokhan Dudayev fue detectado por un satélite. Segundos después, militares rusos les dispararon dos misiles que lo mataron. También le ocurrió al jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar. Perseguido, llamó a su hijo y la policía captó su señal y lo mató.El periodista norteamericano Steven Levy dice que en su país se habla de la "geoesclavitud": "una práctica en la que el amo ejerce su control sobre la ubicación de otro individuo para controlar rutinariamente el tiempo, la velocidad y la dirección de cada uno de los movimientos del esclavo".En los atentados de marzo en Madrid, Al Qaeda utilizó celulares como detonadores de las bombas masacradoras y también se convirtieron en el símbolo de la desolación: cientos de celulares sonaban después de las explosiones: eran sus familiares y amigos buscando saber si sus dueños estaban vivos o muertos. El uso social de esta tecnología es el que le puede dar una persona como parte de la sociedad. Después de los atentados de marzo en Atocha, unos siete mil madrileños se convocaron espontáneamente frente a las oficinas del Partido Popular para protestar por la forma en que el gobierno había manipulado la información sobre los atentados. La convocatoria fue a través de celulares y fue la de una multitud organizada, lo que Howard Rheingold llama Smart Mobs ("multitudes inteligentes o relámpagos").De Kerckhove compara el uso de la tecnología comunicacional con la religión: "Nadie estaba fuera del alcance de Dios en la Edad Media. Sus ojos escudriñaban dentro de tu corazón y siempre sabía lo que ibas a hacer todo el tiempo. De la Edad Media al Renacimiento hubo un gran triunfo de la independencia de la mente desde la Iglesia y el Estado, una dolorosa transformación desde lo colectivo hacia la privacidad. ¿La estamos perdiendo con el teléfono celular?"Pertenecer o estar incomunicado es la falsa opción que parece presentar este fenómeno. La comunicación encuentra nuevos carriles por donde enviar sus mensajes. Pero todavía son válidos los modos más humanos para conectarse. En la película alemana ¿Soy Linda?, la protagonista Linda escucha paciente, la diatriba de un hombre contra la manía de estar comunicado. Linda, con la simpleza de quien desconoce la cuestión le responde: "peor es tener teléfono y que nadie te llame".
WARD RHEINGOLD INVESTIGADOR EN NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACION
El teléfono móvil cambió rápida, profunda e inesperadamente muchos aspectos —sociales, económicos, culturales y políticos— de la vida humana.Si bien los científicos sociales han incursionado en varias de estas áreas de cambio, es poco lo que se entiende sobre el sistema de cambios en su conjunto: exactamente lo que el difunto Neil Postman habría llamado un problema de "ecología de los medios de comunicación."Mi propuesta es que apliquemos —ustedes los lectores y yo— los "Diez Principios de la Tecnología" de Postman (tomados de El fin de la Educación) para explorar esta compleja tormenta de fuerzas que la mayoría de los seres del mundo experimentamos en nuestra vida cotidiana.En noviembre último, nos divertimos mucho, y quizás hasta generamos algunos nuevos conocimientos, aplicando las "Leyes de los Medios de comunicación" de McLuhan como sondas conceptuales en "McLuhanizando los Medios móviles". Asimismo, plantearé aquí las dudas básicas tal como propuso Postman y daré mis opiniones acerca de las respuestas. Pero el resto del ejercicio depende de la participación del lector —sé que los lectores de mis artículos sabrán mejor que yo gran parte de lo que sigue. Y tal vez descubramos que sabemos más juntos que cada uno de nosotros solo.1) Todo el cambio tecnológico es un asunto fáustico. A cada ventaja que ofrece una nueva tecnología, le corresponde siempre una desventaja.En este caso tomaré el enfoque que tengo más a mano: una gran ventaja del teléfono móvil es que la gente está siempre en contacto, siempre accesible; y una gran desventaja es que la gente está siempre en contacto, siempre accesible. La misma función que garantiza libertad también puede esclavizar; no estar atado a un escritorio no significa no estar atado al jefe. Estoy seguro de que hay otras, pero ésta es la más obvia.2) Las ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías nunca se reparten en forma pareja entre la población. Esto significa que cada nueva tecnología beneficia a algunos y perjudica a otros.Con cerca de 500 millones de teléfonos móviles vendidos solamente este año, sospecho que la gran línea divisoria no seguirá estando entre quienes pueden acceder a los teléfonos y los que no pueden. Cada vez más, las ventajas están disponibles de manera diferencial para quienes saben cuáles son y cómo aprovecharlas —la línea divisoria entre poblaciones que saben y poblaciones que no saben. Es una cuestión de alfabetización.3) Implícita en cada tecnología hay una idea fuerte, en algunos casos dos o tres ideas fuertes. Como el lenguaje mismo, una tecnología nos predispone a favorecer y valorar algunas perspectivas y logros y a subordinar otros.El texting (escritura de mensajes breves) favorece el laconismo y a menudo tiene más que ver con estar en contacto que transmitir contenido significativo —el significado está en la comunicación continua y la coordinación de actividades, no en el texto de los mensajes propiamente dichos. Si el correo electrónico volvió a despertar la escritura, ¿el "texting" volverá a adormecerla, o favorecerá la poesía antes que la prosa?4) En general una nueva tecnología le hace la guerra a una vieja. Compite con ella por tiempo, atención, dinero, prestigio y visión del mundo.Nuevamente, aprovecharé mi posición como primer comentarista haciendo la observación obvia de que separar las comunicaciones del escritorio significa pasar más tiempo en movimiento, en la plaza o en el café, y menos tiempo en casa o la oficina. La adicción a la comunicación ya no dicta patrones de conducta agorafóbica.5) El cambio tecnológico no es aditivo; es ecológico. Una nueva tecnología no se limita a agregar algo; cambia todo.Más personas pueden organizar una acción colectiva con personas que antes no podían organizar, en tiempos y lugares que antes no podían organizar. La forma de aprovechar las ciudades, organizar manifestaciones políticas o programar espectáculos y coordinar la vida diaria ya está cambiando.6) En razón de las formas simbólicas en que se codifica la información, diferentes tecnologías tienen diferentes orientaciones intelectuales y emocionales.La comunicación oral móvil es "más intensa" en el sentido de McLuhan, transmite matices, y deja menos para que el receptor complete. El texting es "más frío" y deja más interpretación del matiz al receptor del mensaje.7) En razón del acceso y la velocidad con que se codifica la información, distintas tecnologías tienen distintas orientaciones políticas.En Seattle, Manila, Seúl y Madrid hemos visto derrocar regímenes y elegir presidentes porque el texting permite que se organicen espontáneamente manifestaciones o votar para sacar a un gobernante. Si los medios de difusión están orientados hacia un control centralizado, los medios móviles están orientados hacia un descontrol descentralizado.8) En razón de su forma física, diferentes tecnologías tienen distintas orientaciones sensoriales.Esta es interesante y me siento un poco desconcertado. La comunicación oral móvil tiene una orientación sensorial totalmente distinta desde el SMS (mensajes de texto), y la telefonía con imagen agrega otra dimensión. ¿Lectores?9) En razón de las condiciones en que las utilizamos, diferentes tecnologías tienen diferentes orientaciones sociales.Esta es la causa de los choques sociales que vemos en los trenes cuando las personas les dicen a otros seres invisibles que están en el tren —el dispositivo de comunicación móvil permite a cada individuo escapar, instalarse e imponer su espacio social personal en cualquier espacio que esté, privado o público.10) En razón de su estructura técnica y económica, diferentes tecnologías tienen diferentes orientaciones de contenido.Me imagino que los sistemas de audio de los aparatos móviles van a mejorar considerablemente, y el video de alta resolución es una cuestión de ancho de banda, pero ningún contenido fuera de la voz y la música llegará a ser popular de manera generalizada a menos que funcione bien con una pantalla pequeña.Traducción de Cristina Sardoy. Howard Rheingold, dirige el sitio "Electric minds"; es autor de "La comunidad virtual" y "Realidad virtual" (Gedisa), en español. Su último libro es "Smart Mobs: The Next Social Revolution"